compuesto por la pala del timón,
las poleas, y la masa del volante con su soporte. Teníamos
el sistema de propulsión, o sea eje, hélice
de bronce, bocina y pata de gallo. Todo nuevo. Siguiendo
con el inventario caímos en la cuenta que faltaban
la tapa que cubre el motor y la cola en donde termina
el habitáculo. También necesitaríamos
una butaca. Hasta aquí todo parecía manejable.
Los accesorios faltantes lo fabricaríamos, las
tapas las moldearíamos en PRFV y de butaca le
pondríamos una silla vieja, pero...¿el
motor?. Pedro Hidalgo, gran amigo y mejor conocedor de
los fierros, fue quien mas nos movilizó para encarar
el proyecto. “Es una boludez” decía
a la vez que ofrecía una planta propulsora de
Falcon Sprint y colaborar en el armado.
5) Manos a la
obra Con el ofrecimiento
de Pedro ya todo era mas fácil,
llevamos el casco a su taller y al tiempo dejó armada,
con singular maestría, la línea de eje.
Pero el motor no aparecía. Luego tuvo unos inconvenientes
de salud
y unido esto a problemas laborales nos demoraba
el proyecto.
6) Otro socio En oportunidad de
realizarse
una competencia en el Club Náutico Rosario, un
26 de junio del 2005, estábamos con mi hijo viendo
las lanchas de carrera durante la mañana y nos
encontramos con Jorge Pinilla. “Necesito un motor
para la Mojarra” le dijo Mauro.
“Yo tengo el motor y siempre quise tener
una Mojarra…después te contesto”..,precisó Jorge,
y necesitó tres minutos para contestar “cuándo
empezamos?”.
7) Comienza la restauración
Instalados en el taller de Jorge Pinilla comenzamos
por desmantelar todo lo inservible como ser filtros,
mangueras y cables viejos, elementos que denotaban la
presencia de un motor que a juzgar por los soportes existentes
podría ser un Ford Falcon similar al que pondríamos
lo que quizás facilitaría la instalación.
También desmontamos el tablero constituido
por un completo instrumental de aviación de origen
francés.
Al casco le quitamos toda la pintura vieja y reparamos
dos rumbos que tenía, uno en un pontón
y otro a la altura de la aleta de babor, producto no
de accidentes en el agua sino de estar desplazando el
carrito que la soportaba de un lugar a otro. Lavamos
a fondo el interior y dos manos de barniz marino brillante
fueron suficientes para dejarlo como nuevo. Al exterior,
masilla, dos manos de base para madera y en cuanto a
la pintura decidimos, por razones de costo, darle
sintético del tipo industrial que es más
duro y resistente que el común.
En cuanto al color naranja que decidimos darle es un
tributo al otro abuelo de Mauro, el “Nono” Carlos
Molinari gran entusiasta de la categoría y de
quién legó su Ford Taunus GT, obviamente
color naranja.
Al volante de gran diámetro lo reemplazamos por
uno más pequeño y acortamos el eje de manera
de acercarlo más al tablero. A este lo forramos
con vinilo símil fibra de carbono y reubicamos
el mismo instrumental original. El conjunto quedó más
elegante y armonioso. |