Un problema sin solucionar eran
las tapas del motor y la parte trasera de habitáculo
que nos faltaban. Un contacto con don Luis D’aria
fue suficiente para resolver el problema. Nos facilitó las
dos piezas para hacer una copia y nos permitió espiar
algunos detalles del montaje del motor. El costo para
mandar a construir las tapas resultó muy elevado
para nuestro escaso presupuesto así que con el
asesoramiento de mi amigo Jorge Marcus nos arremangamos
e hicimos la primera matriz. “Yo nunca hice algo
tan feo” me dijo Jorge cuando le mostraba con orgullo
mi primer trabajo con resina. Pero lo que importaba no
era el aspecto externo de la matriz (que realmente estaba
muy desprolijo ) sino el interior que quedó bastante
bien, así que sobre esta matriz laminamos la primera
pieza que montamos sobre la popa del casco. La otra pieza,
aunque mas grande me resultó mas fácil
con la experiencia adquirida. Los caños de escape
hubo que dárselos a un especialista ya que no
contábamos con los elementos para realizarlos.
En esta etapa las “gracias” son para la familia
Pinilla que nos abrieron las puertas de su taller y nos
bancaron los días enteros trabajando y siempre
con la mejor onda.
8) El Trailer Otro tema a resolver
era el trailer para transportar la embarcación.
Esto nos permitiría llevar la embarcación
de un taller a otro durante la restauración. Ya
sé que con un poco de plata todo se arregla, pero
era justo lo que faltaba. Preguntando a uno y otro surgió el
ofrecimiento de un amigo, capitán de un club náutico,
que justo le estaba “sobrando” uno de alguien
que nunca lo reclamó. El pobre estaba muy
deteriorado, una rueda más grande que la otra y
un poco oxidado de estar a la intemperie por años.
Pero a esta altura ya nada nos amilanaba. Desmantelamos
todo, cortamos los hierros que no servían e hicimos
con caños estructurales una cama nueva siguiendo
las líneas del fondo de la Mojarra. A dicha cama
la sujetamos al trailer con grampas, de manera de poder
dejar la embarcación sobre esta y retirar el trailer.
En esta labor las “gracias” se las lleva mi
amigo el capitán de club y Ezequiel “Cocho” Ocampo
quien puso a nuestra disposición toda su experiencia
en soldadura eléctrica.
9) El regreso del Rengo
Otra vez toman protagonismo los Hidalgo. Ya con el trailer
se nos facilitaba el traslado de un lugar a otro así que
volvimos al taller de Pedro quién con su hijo Jerónimo
alinearon el motor con la línea de eje y pusieron
el acelerador profesional que aportara desinteresadamente
Esteban Díaz Rodríguez. Por fin se puso en
marcha el motor y el 25 de mayo (2006) botamos por primera
vez la Mojarra en el Club Náutico Rosario, aún
sin terminar. El resultado: un éxito!!. Navegó correctamente.
Entonces se me disiparon todas las dudas que tenía:
entrará agua?, planeará? Soportará el
esfuerzo este “mueble viejo”? La probaron Mauro
y Pedro. Joya!!, solo un problema en el carburador que
perdía nafta y el retén del eje permitía
una entrada de agua, así que con la prueba que hicimos
nos sentimos conforme. Las hurras para Pedro y Jerónimo
que trabajaron como leones.
10) Se acerca el final
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