LOS DUROS COMIENZOS
En los veranos allá por
1935 la familia de Laureano Rocha se trasladaba a la
orilla del mar, donde la salud de uno de los hijos (Lirio),
que sufría
de asma, comenzó a estabilizarse y a fortalecer
su organismo juvenil con el aire puro y fresco del océano
y los rayos vivificantes del sol. El jefe de familia
se trasladaba también a su precaria vivienda
en la playa en los meses de invierno, ya que era un
gran aficionado a la pesca, que en esa época
era muy abundante y que servía para aliviar el
sustento de su numerosa familia, de humildes recursos.
El ingreso a la zona del Cerro se realizaba penosamente, en carros tirados
por caballos, por caminos de barro y agua, hasta llegar a los enormes médanos,
donde en ocasiones el vehículo volcaba ante la dificultad que suponía
el traslado por las blandas arenas. El trayecto se realizaba en medio de
enormes dunas de arena voladora y había que marcar la huella para
poder encontrar nuevamente el camino hacia la costa.
En el año 1942 se afincaron algunos pescadores que provenían
de Valizas y que empezaron a pescar el tiburón para vender el hígado
a mercados extranjeros. Dichos pescadores ingresaban al mar en chalanas
a remo, prácticamente sin ningún instrumento de guía
para su orientación. Otros comenzaron a llegar a la costa, edificando
sus ranchos en la zona que queda enfrente a la Piedra Redonda, bordeando
la pequeña bahía ubicada a la derecha de la actual calle de
acceso principal.