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Turismo
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06/03/2008
Punta del Diablo: un sitio como pocos en la costa de Rocha.
El que llega a Punta del Diablo descubrirá un espacio maravilloso dominado por los médanos, el mar y el viento donde existen playas interminables no contaminadas en su totalidad por la gente.

El pueblito oceánico se encuentra en el departamento de Rocha, República Oriental del Uruguay, a unos 160 kilómetros al noreste de Punta del Este y a sólo 45 de la frontera con Brasil.

El que llega a Punta del Diablo descubrirá un espacio maravilloso dominado por los médanos, el mar y el viento donde existen playas interminables no contaminadas en su totalidad por la gente.

Claro que quien así lo desee puede salir allí a cabalgar o bien recorrer la feria artesanal o pescar o ir a cenar a los distintos restós y bares sin perderse nada de la magia que rodea a Punta del Diablo. Sin embargo, durante la noche, en materia de comidas el común denominador son los asados en los parrilleros de las casas. No hay cine ni casino en Punta del Diablo pero sí un par de boliches para ir a bailar, bien retirados en el bosque. La música que se escucha en las pintorescas callejuelas pasa por el reggae y el bossa nova surgidos tal vez por algún minirecital improvisado al toque.  
Como no hay iluminación en las calles, de noche las variadas luces de las viviendas le dan un aspecto único al pueblito, en el cual se puede caminar a cualquier hora con total y absoluta seguridad.
Existen para los más jóvenes playas hondas como La Viuda -situada en la parte sur- donde impera toda la onda del verano incluyendo casas y paradores construidos directamente sobre los interminables médanos que caracterizan a esta zona del Uruguay. Ya sobre el otro sector (norte) reinan la playa del Rivero y la de los Pescadores (los Botes) con zonas más explayadas que llegan hasta el Cerro del Rivero, el punto rocoso que sirve de límite con Playa Grande, una larga bahía con una increíble franja de arena que pertenece en parte al Parque Nacional Santa Teresa.
Para los más inquietos, desde Punta del Diablo se pueden trasladar sin recorrer demasiados kilómetros hacia otros pequeños paraísos cercanos como Cabo Polonio, La Pedrera o La Paloma incluyendo los fuertes de Santa Teresa y el de San Miguel sobre el Chuy que es la frontera con Brasil.

En este paraje hasta no hace mucho tiempo sólo predominaban pescadores con sus cabañas de techo de paja y paredes de adobe pero los surfers y algunos conocedores adelantados lo pusieron de moda y allí se comenzaron a acercar los veraneantes que no querían nada más que lo necesario para pasar unos inolvidables días: mar bien verde y mucha playa a todo sol.
Todavía se está a tiempo de visitar y disfrutar de un lugar que no está totalmente urbanizado siempre y cuando usted –como dijimos al comienzo- sea un amante de la naturaleza y de este tipo de paraísos.

Los duros comienzos
En los veranos allá por 1935 la familia de Laureano Rocha se trasladaba a la orilla del mar, donde la salud de uno de los hijos (Lirio), que sufría de asma, comenzó a estabilizarse y a fortalecer su organismo juvenil con el aire puro y fresco del océano y los rayos vivificantes del sol. El jefe de familia se trasladaba también a su precaria vivienda en la playa en los meses de invierno, ya que era un gran aficionado a la pesca, que en esa época era muy abundante y que servía para aliviar el sustento de su numerosa familia, de humildes recursos.
El ingreso a la zona del Cerro se realizaba penosamente, en carros tirados por caballos, por caminos de barro y agua, hasta llegar a los enormes médanos, donde en ocasiones el vehículo volcaba ante la dificultad que suponía el traslado por las blandas arenas. El trayecto se realizaba en medio de enormes dunas de arena voladora y había que marcar la huella para poder encontrar nuevamente el camino hacia la costa.
En el año 1942 se afincaron algunos pescadores que provenían de Valizas y que empezaron a pescar el tiburón para vender el hígado a mercados extranjeros. Dichos pescadores ingresaban al mar en chalanas a remo, prácticamente sin ningún instrumento de guía para su orientación. Otros comenzaron a llegar a la costa, edificando sus ranchos en la zona que queda enfrente a la Piedra Redonda, bordeando la pequeña bahía ubicada a la derecha de la actual calle de acceso principal.
Así, muchos orientales que, como la gran mayoría de sus compatriotas, habían vivido de espaldas al mar, se vieron impelidos por las circunstancias a cambiar su vida de trabajo precario por otra llena de peligros, riesgos y esperanzas, enfrentando al mar abierto y desafiante, ante la perspectiva de lograr una mejora en el aspecto económico.
El valor de los hombres y la abnegación de las mujeres fueron dando forma a una estirpe de pescadores templados a mar y viento, que le dieron una identidad muy especial al primitivo asentamiento que se fue formando en los otrora desolados cerros.
La preparación del tasajo de tiburón o cazón llevaba su proceso: una vez limpio el animal, se procedía a cortar filetes que eran sometidos durante cierto tiempo a la acción de la sal, acomodándose en capas sucesivas e intercalando nuevas camadas de sal para posteriormente secarlos al sol.
Aquellos que invirtieron el fruto de su arriesgada tarea diaria, mejoraron la capacidad de los motores de sus lanchas, construyeron otras, empezaron a edificar galpones más amplios y cómodos hasta que llegó el progreso y las construcciones de material comenzaron a sustituir a los primitivos ranchos de paja y juncos y las piletas de cemento lustrado a los cajones de madera de los primeros saladeros.
Punta del Diablo comenzó así a vivir una nueva etapa en su camino, con los necesarios cambios para que quienes se afincaron allí pudieran llevar una vida más digna y mejorar las capturas y la calidad de su producción.


La leyenda de La Viuda

Cuenta la historia no oficial acerca del origen de la Estancia de La Viuda, un promontorio pegado a Punta del Diablo. El folklore local, sabedor del encanto de las leyendas, relata –en boca de los lugareños más autóctonos de Punta del Diablo- que hace muchos años la viuda de Verdin, por aquel entonces heredera de la empresa La Franco Argentina Seguros, se hizo construir una imponente mansión en uno de los lugares más maravillosos de la costa de Rocha, dentro de una de sus estancias que lindaba con el Océano Atlántico. La Viuda no dudó en concretar un pacto económico con el gobierno uruguayo a través de un canon, para no permitir que demolieran su preciado refugio ya que se encontraba en zona donde no se permitía construcción alguna. Inclusive se hizo cargo de la manutención del faro que se encuentra en las inmediaciones de la majestuosa casa. La misteriosa vivienda, a la que muy pocos han tenido acceso, pasó de manos y ahora –se dice- que pertenece a una familia belga ligada a la empresa textil y a una archiconocida marca mundial de agua mineral. Los relatos van más allá, asegurando que un mentado y poderoso productor de la TV argentina ofreció el oro y el moro por la codiciada propiedad, pero que los actuales propietarios ni siquiera lo quisieron recibir aduciendo que el casco no se encontraba a la venta bajo cifra alguna por más alta que fuese.
Todo esto no hace más que enriquecer la simple historia de Punta del Diablo, donde aún hoy se pueden encontrar pescadores de los de antaño que por el sólo hecho de charlar un rato, hechizan a los turistas con los relatos del lugar.

El presente
A partir de los loteos que algunos uruguayos realizaron en este maravilloso paraje todo comenzó a evolucionar aunque muy lentamente al comienzo.
Así, ya en la era moderna, los Bayhut o los Redin poseedores de grandes cantidades de terrenos en la zona fueron vendiendo sus posesiones a medida que los interesados mostraban algún interés por el futuro de la aldea de pescadores. De esta manera uno de los puntos más interesantes quedó disponible: la Punta de Diablo (Piedra Redonda) propiamente dicha y el ex parador que, según aseguran, se encuentra a la venta por algo más de 4 millones de dólares. Qué sitio espectacular para construir un puerto deportivo !
No obstante que se están construyendo infinidades de casas y posadas nuevas, todavía existen muchas de las viejas cabañas de los pescadores, abigarradas sobre la playa de La Viuda que se alquilan durante la temporada y aún fuera de ella.
Todo tipo de precios se barajan en este lugar, desde el bien organizado camping para los presupuestos más modestos hasta posadas de excelente servicio como Aquarella por ejemplo, donde uno tiene la sensación de entremezclarse con el nivel internacional del buen gusto y la fina atención de una infraestructura turística cinco estrellas.
Si bien la capacidad del balneario es limitada (alrededor de 12/15 mil personas) no resulta imposible alquilar una casa o un departamento sobre la playa como Pueblo Chico, un singular emprendimiento de un arquitecto argentino que ofrece una muy buena e ingeniosa alternativa sobre la playa de Rivero casi sobre el mar mismo.
Algo que no se puede dejar de hacer en Punta del Diablo es ir a cenar aunque sea una vez a El Viejo y el Mar. Allí en medio de la villa de los pescadores su carismático titular, Ernesto Laguardia, brindará seguramente una amistosa y amena conversación sobre todo acerca de las historias del lugar. Además por cierto la cocina es estupenda. Consejo: reservar anticipadamente. Otra opción es el siempre recomendado Don Quijote, un clásico restaurante-parrilla al mejor estilo uruguayo.
Hay varias anécdotas de origen reciente en Punta del Diablo como la de la parejita de norteamericanos (Brian Meissner y Heidi Paulson) que después de recorrer medio planeta decidieron amarrar definitivamente en estas playas invirtiendo medio millón de dólares en un líndisimo parador y un hostel internacional: El Diablo Tranquilo. Estos dos emprendimientos le otorgaron a Punta del Diablo un aporte de turistas extranjeros que era casi inexistente.
Punta del Diablo da para todo y para todos aunque todavía está en plena expansión en cuanto a su enorme potencial turístico sobre todo en las inmediaciones del Cerro del Rivero. Ojalá lo hagan crecer respetando las normas del entorno natural que posee.

Fuente:   Alvaro Casals
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